5.22.2005

Amor y soledad, cap. II

Amor y Soledad Cap. II
…Sobre la soledad



Hace tiempo atrás, recuerdo un lamentable episodio, al estar persuadiendo a una amiga diciéndole que su relación de pareja no era amor, que claramente no estaba enamorada, ni era una relación fuerte ni real. Mis argumentos sólo respondían a la lógica, de que ella como muchos, estaba con esa persona no por amor, sino que por soledad.

Hoy me arrepiento profundamente de haberme metido en esa relación, por varias razones. Desde luego, con el tiempo he podido vivenciar diferentes estados, entre otros, la profunda soledad, por otro lado, me ha costado mucho comprender y entender a cabalidad lo que significa, pero en el recorrido desde esa candidez de infancia a la lucidez del dolor, creo entender que una relación de pareja es más que amor, y eso me ha costado mucho asumir. Una relación no se compone sólo de amor, es más, puede que carezca de amor, y sea una relación “bien catalogada”. Entonces, ¿que constituye a una pareja?… ese es el tema para el próximo blog.

La soledad puede ser muy interesante de analizar, comprender y mirar con atención, porque se puede dar una soledad demasiado dolorosa, como una constructiva, y de eso se trata este capítulo. Los tópicos anunciados son: “amor” y “soledad”, pero debo aclarar que no son polos de un mismo punto, tampoco pertenecen a su antítesis. En el capítulo pasado definí ciertos estados de amor, pero no de soledad.

Cuando vemos un diccionario en amor, salen sinónimos como: cariño, apego, galanteo, deleite, atención, suficiencia, piedad (piedad = amor ???) … en soledad: retiro, abandono, monólogo, melancolía… lo más curioso es que dentro de sus antónimos encontramos palabras como: alegría, pasar, diálogo.

Según lo anterior, la soledad sería entonces, de por si, algo negativo, malo, desagradable… y el amor entonces podría ser, un estado alegre, algo bello, preciso y afable. No estoy conforme. A pesar que una vez discutiendo por ahí, yo afirmaba que el amor era un estado pleno, y que todas las cargas negativas, tales como el sufrimiento, el apego, la tristeza y la añoranza, eran justamente lo que son, sensaciones y conductas que sin duda acentúa el amor, pero que no responden a la definición de amor, es decir, yo afirmo que el concepto amor tiene un valor “positivo”, tal como el concepto vaso tiene un valor neutro en su esencia.

Entonces, que es lo que hace positivo y negativo algo:… la moral? la ética?, los valores?, los procesos socioculturales?, las experiencias vividas?..., no lo sé, pero creo que es preciso observar que le agregamos, tanto al amor como a las soledad, otros elementos que no son amor ni soledad. Amar es una cosa, otra es que no te amen, o muchas otras cosas terribles que pueden pasar cuando amas, pero no por ello, amar es malo, en el otro punto sucede lo mismo, podemos observar que la soledad es un estado generalmente concertado como algo negativo, como lo es en nuestra sociedad muchas conductas que no tendrían porque serlo. Eso nos hace verlo más grave o con más peso de lo que tendría que ser.



Creo que es importante aprender de la soledad, es importante aprender a estar solo. Creo que quien que es capaz de estar bien, y digámoslo, realmente bien, estando sólo, es una persona que posiblemente puede estar en tranquilidad o plenitud consigo mismo, en un estado de admirable equilibrio y eso creo que es necesario. Creo que cuando estamos con pareja, y estamos además bien solos, la relación se hace mucho más libre y sana.

Sobre amor se ha escrito mucho… lo que se puedan imaginar. Sin embargo, como en tantos temas, hay más interrogantes que respuestas, pocas cosas nos pueden decir que nos sirvan de verdad. Quizás lo que más nos puede ayudar es ser capaces de conversar, de discutir, de compartir, pero es difícil, nos cuesta asumir la soledad y ese es el último punto y la reflexión final de este capítulo y no deja de ser una invitación a la acción.

Siempre he encontrado que en mi generación, somos un poco quedados con la posibilidad de conocer más personas. Creo que pasamos mucho tiempo creyendo que nunca nos van a faltar personas, sobre todo en el colegio o en la universidad, sin embargo, a medida que egresas los círculos se van cerrando y no todo el mundo queda con muchas posibilidades de conocer personas. En general nos cuesta abrirnos, o al simple ejercicio de mezclar mundos y ver que pasa, de hecho asumo que mis amigos que están leyendo este blog no lo han compartido con otros contactos por ejemplo.

De una situación tan horrenda como la de los jóvenes que murieron en Los Ángeles, haciendo su servicio militar, me destraban sentimientos profundos, al ver las reacciones, cuando se da luz al dolor y a lo que produce. Más que como un detalle sensacionalista, es entender que el dolor y la pérdida, son grandes motivos de despertar, que nos llevan a actuar. La muerte nos hace pensar en la vida, como la soledad, nos hace reflexionar sobre la compañía y el amor.

La vida puede ser un azar de circunstancias, pero no por eso, reaccionamos en efecto condicionado a ella. Podemos tener decisiones y ser consecuente, y eso ante toda naturaleza de hechos. Podemos atribuirle responsabilidad de nuestras situaciones a la vida, a la sociedad, a nuestra cultura o entorno, sin embargo soy un convencido que somos en gran parte responsable de los matices de nuestra suerte, y esa posibilidad hay que tomarla y sacarle provecho.

El hombre y la mujer necesita construir lazos, algunos más que otros, pero ciertamente, sentirse acompañado responde a una naturaleza primordial del ser humano, del ser social. Comprender eso, implica muchas cosa, y el recorrido de ese aprendizaje es tan subjetivo como personal y nos cuesta mucho, sobretodo porque nos cuesta hablar de soledad.

Cuando hablo de soledad, no sólo hablo de momentos precisos, hablo de la construcción de lazos, y no solo lazos de amor, hablo también de amistad, de personas que nos pueden entregar mucho y que les podemos dar a la vez. Hombre y mujeres diferente o parecidos, con otras historias que se pueden complementar. Crear instancias de unión, de posibilidades de lazos es un acto que, desde luego, responde a la personalidad de cada uno, según la forma de ser y querer ser. Pero ¿somos realmente activos ante este síntoma que le llamamos soledad?

Tengo una amiga que en muchas situaciones pasa por loca, pero asumo que me encanta, ya que es capaz de romper muchos esquemas. El otro día salimos y primero saludo al micrero…, el tipo la mira extrañado, se sonroja y la saluda, ella le pregunta cual es su signo.. el responde.., luego saludó a tanta gente que yo iba medio escondido.., incluso saludó al guardia del metro…, es posible que este ejemplo pueda sonar exagerado o irrumpa con ciertas personalidades, pero debo admitir que fue precioso ver (a pesar de mi vergüenza), como alguien no tiene tapujos en dar y tratar bien.


…, todos queremos sentirnos queridos, todos necesitamos más personas, y los que crean que no, se pueden quedar solo un rato, ya vendrán. Imagino un jardín, todos capaces de mirarse y saludarse y decirse, HOLA, yo también te quiero conocer, existo y vivo cosas parecidas.. ¿muy utópico? Creo que no lo tiene porque ser.

Podemos estar en desacuerdo, cada uno con su manera de ser. Mi reflexión parte de mi experiencia, de asumir que no siempre, me preocupo o aprecio lo suficiente, los momentos y las personas que tengo a mi lado, como a las que no. Lo digo con la convicción del sentimiento, de saberme una persona que necesita cuidar sus lazos, sean parientes, amigos, pareja. Cada persona que se ha quedado en mi mundo, es porque está también en mí, en lo que digo y en lo que hago. Creo que la actitud de encierro, si bien la respeto, no es la mía. Por eso este blog, en parte por eso soy músico, por eso busco y me caigo. No tengo remedios para la soledad, sólo tengo intuición de que ciertos cambios de actitud y pensamiento, nos pueden ayudar a crecer y con ello a compartir, base fundamental de nuestra vida.


Pablo Ossandón.

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