6.12.2005

Un hombre común (micro-cuento)

UN HOMBRE COMÚN
Un pequeño cuento

Ya casi nadie se acuerda de él. Era un ser tímido que flotaba ente la gente. Su único pasatiempo era mirar el silencio. Aún nadie puede asegurar si logró escucharlo. Amaba como muchos, porque no sabía amar de otra forma. Se resignaba a amar entonces, y así entre boleros desabridos entonaba su única canción.

Era un ser soberbio, pues no conocía lo intermedio, su exigencia llegaba al límite de lo insoportable. Cada noche antes de cerrar sus ojos, cerraba su mirada y penetraba en el sentido más íntimo de la palabra. En esas noches descubrió que en realidad no amaba tanto como él pensaba, en realidad, sólo se amaba en su entropía.

Pasar de un extremo a otro no es lo normal en muchos casos, pero debo aclarar que aquel no era un hombre normal, y no es tan sencillo decirlo. Cuando atisbó ese descubrimiento fue tan terrible que quiso ser puro, pero no era compatible la pureza que el aspiraba con, ser humano.

Comprendió que todo lo que hacía lo hacía por él…, amaba por él, daba por él, conversaba por él, acomulaba cosas por él. Aquel paisaje lo agobió de tal manera que quiso deshacerse de todo hasta hallar lo verdadero.

Sin embargo una vez desnudo, en una orbita que desconozco, comprendió que el hombre era más que necesidad, o la necesidad era más que el hombre. Así de a poco se acostumbró a la idea de que lo fundamental era lo que estaba más allá de lo deseado,... lo inesperado, el misterio, la intuición.

De esa forma, día a día fue construyendo su destino, y a pesar de profecías que nunca se cumplieron, supo que la historia se construye sola, pero que el hombre se hace a si mismo. Esa libertad le dio miedo, pero entendió que al saberlo su única opción era asumirlo y así poder liberarse de si mismo y del mundo.

Murió sin culpas ni agobios. Nunca supo si fue realmente feliz, nunca entendió exactamente de que se trataba esa palabra. Recuerda eso si que vivió momentos plenos, como otros de perfecta tranquilidad, pero casi nunca lo pudo palpar en su momento. Ahora ya muerto lo podía ver con claridad.

Soñó y esperó, busco y sollozo en vida lo que aspiraba. Al aire y las hojas que no controlaba, el miedo y la fuerza que no entendía, la vida y la muerte que se reían. Ahora en su nicho duerme, como tantos que entienden que vivir es lo más bello, porque nadie, ni el más sabio, ni el más poderoso, ni el más airoso, lo entiende.

Pablo Ossandón.

6.06.2005

Sobre el ser incomunicado y aparente

SOBRE El SER INCOMUNICADO Y APARENTE
Un Pensamiento de Apertura


A veces deseamos ser quienes no somos, aparentar, disimular. Cuidar nuestra intimidad. A veces a costa de sacrificios que no se entienden. El planteamiento surge en no asumir nuestra naturaleza, basados en estereotipos que nadie es, pero que creemos que son o deben ser los “correctos”, siguiendo el pensar de cada familia, ambiente: círculos que nos anteponen una exposición hacia el resto.

Ante ese desafío reaccionamos de diversas formas, sin embargo, puede ser ultra destructivo si no somos capaces de querer ser realmente quienes somos, aunque eso nunca lo sepamos con certeza, pero justamente no se requieren certezas para ser. Ser, implica la voluntad de escoger, de optar, en la sumisión de inmersas variantes, químicas, físicas, hereditarias, casuales, escogidas o intrometidas en nuestra vida. Aquellas que nos diferencian del resto, aquellos defectos y cualidades que conforman nuestra personalidad única y mágica, que en cierta forma, podemos variar y manejar.

En muchos casos confundimos la honestidad con la verdad. Hacemos juicios, emitimos verdades que no tienen porque mantenerse en el tiempo… pero no sólo a otros. Más grave incluso son los propios juicios que hacemos ante nosotros mismos, frases concretas y definitivas, que no tienen porque serlas.

La relatividad y las opciones nos permiten escoger. Nos permiten cambiar. Existen situaciones en la vida que nos ayudan mucho a que esos cambios puedan ser. Detalles como cambiar nuestra forma de vestirnos o dar vuelta nuestra pieza o extremos como viajar y comenzar de cero con otras personas, cambiarse de curso o carrera. Cada detalle implica decisiones, concientes e inconscientes que están a la mano, que nos permiten asegurar que podemos cambiar si queremos. Un caso simbólico se da al estar enamorado. A veces es tan fuerte nuestra necesidad de aparentar frente a una persona, que queremos, que buscamos ser más cariñosos, más amables, afables, empáticos. Y si bien puede sonar a un engaño o una ficción, sucede mucho que en esa necesidad, no sólo queremos ser mejores, si no que lo logramos, nos convertimos.

Sin embargo, pienso que es preciso junto a ello, ser conciente y alegrarnos de quienes somos, de la oportunidad que es vivir, de poder mirar con nuestros ojos, a pesar que no podamos controlar los estímulos que se establecen a nuestro alrededor. Somos disímiles y esa diferencia es rica, nuestros contrastes nos hacen interesantes, describen en parte nuestro matiz característico y propio, nuestra pincelada, mejorada o empeorada, de ser.
Pero no por ello tenemos que desconocer nuestras semejanzas. Ser capaces de ver y entender que la vida que sentimos, los problemas que vivimos, las dudas, los miedos, los temores, las penas como la alegría, son estados que podemos compartir, ser capaces de dar y recibir otras miradas y experiencias, pero por sobre todo, palpar que aunque frente al dolor, todos y cada uno, sienta que es inasible, o muy personal, creo que en la gran mayoría de los casos, nos enfrentamos a temáticas universales, y por sobre todo, que habitúan fuertemente en la realidad de nuestros cercanos.



Por una parte, la intimidad es necesaria, única y personal. Sujeta a la voluntad de un rol de emisor subyugado a diversos afluentes que se imponen en la vida, y por otra parte somos seres comunes, que recorremos las etapas de nuestras vidas con certezas y dudas similares, que podemos contemplar, complementar, aportar, diferir.

En mi vida he pasado por muchos umbrales, y en ellos he descubierto mucho, me he conocido y he aprendido de mí y a la vez del hombre, del ser humano, de la vida. He vivido el dolor, la soledad, las desgracias, como la alegría, el amor, la compañía. He tenido dudas, respuestas y silencios. Me siento orgulloso de tener la necesidad de contar lo que me pasa a quienes creo que me pueden dar. He tenido la suerte de tener corazones y mentes abiertas, como también la desolación de no encontrarlas.

Vivir implica mucho, es compleja la vida, dura y bella. Sus matices son subjetivos, pero sólo el hecho de saber que tu y yo vivimos, que estamos despiertos, y que podemos juntarnos a convergir esas realidades, puede abrir una puerta y quizás muchas ventanas.

Cuando nos damos cuenta que es tremendo estar vivo, cuando entendemos que no somos los únicos, que todos necesitamos, y que nuestras necesidades pueden saciarse entre ellas, cuando comprendemos que nuestros defectos como virtudes son lo que son, cuando apreciamos el querernos y el querer, cuando nos asumimos como seres únicos y valiosos, cuando podemos afirmar orgullosos que: yo escojo e intento ser, vivir mejor, igual que tú.

Pablo Ossandón.