SOBRE El SER INCOMUNICADO Y APARENTE
Un Pensamiento de Apertura
A veces deseamos ser quienes no somos, aparentar, disimular. Cuidar nuestra intimidad. A veces a costa de sacrificios que no se entienden. El planteamiento surge en no asumir nuestra naturaleza, basados en estereotipos que nadie es, pero que creemos que son o deben ser los “correctos”, siguiendo el pensar de cada familia, ambiente: círculos que nos anteponen una exposición hacia el resto.
Ante ese desafío reaccionamos de diversas formas, sin embargo, puede ser ultra destructivo si no somos capaces de querer ser realmente quienes somos, aunque eso nunca lo sepamos con certeza, pero justamente no se requieren certezas para ser. Ser, implica la voluntad de escoger, de optar, en la sumisión de inmersas variantes, químicas, físicas, hereditarias, casuales, escogidas o intrometidas en nuestra vida. Aquellas que nos diferencian del resto, aquellos defectos y cualidades que conforman nuestra personalidad única y mágica, que en cierta forma, podemos variar y manejar.
En muchos casos confundimos la honestidad con la verdad. Hacemos juicios, emitimos verdades que no tienen porque mantenerse en el tiempo… pero no sólo a otros. Más grave incluso son los propios juicios que hacemos ante nosotros mismos, frases concretas y definitivas, que no tienen porque serlas.
La relatividad y las opciones nos permiten escoger. Nos permiten cambiar. Existen situaciones en la vida que nos ayudan mucho a que esos cambios puedan ser. Detalles como cambiar nuestra forma de vestirnos o dar vuelta nuestra pieza o extremos como viajar y comenzar de cero con otras personas, cambiarse de curso o carrera. Cada detalle implica decisiones, concientes e inconscientes que están a la mano, que nos permiten asegurar que podemos cambiar si queremos. Un caso simbólico se da al estar enamorado. A veces es tan fuerte nuestra necesidad de aparentar frente a una persona, que queremos, que buscamos ser más cariñosos, más amables, afables, empáticos. Y si bien puede sonar a un engaño o una ficción, sucede mucho que en esa necesidad, no sólo queremos ser mejores, si no que lo logramos, nos convertimos.
Sin embargo, pienso que es preciso junto a ello, ser conciente y alegrarnos de quienes somos, de la oportunidad que es vivir, de poder mirar con nuestros ojos, a pesar que no podamos controlar los estímulos que se establecen a nuestro alrededor. Somos disímiles y esa diferencia es rica, nuestros contrastes nos hacen interesantes, describen en parte nuestro matiz característico y propio, nuestra pincelada, mejorada o empeorada, de ser.
Pero no por ello tenemos que desconocer nuestras semejanzas. Ser capaces de ver y entender que la vida que sentimos, los problemas que vivimos, las dudas, los miedos, los temores, las penas como la alegría, son estados que podemos compartir, ser capaces de dar y recibir otras miradas y experiencias, pero por sobre todo, palpar que aunque frente al dolor, todos y cada uno, sienta que es inasible, o muy personal, creo que en la gran mayoría de los casos, nos enfrentamos a temáticas universales, y por sobre todo, que habitúan fuertemente en la realidad de nuestros cercanos.
Por una parte, la intimidad es necesaria, única y personal. Sujeta a la voluntad de un rol de emisor subyugado a diversos afluentes que se imponen en la vida, y por otra parte somos seres comunes, que recorremos las etapas de nuestras vidas con certezas y dudas similares, que podemos contemplar, complementar, aportar, diferir.
En mi vida he pasado por muchos umbrales, y en ellos he descubierto mucho, me he conocido y he aprendido de mí y a la vez del hombre, del ser humano, de la vida. He vivido el dolor, la soledad, las desgracias, como la alegría, el amor, la compañía. He tenido dudas, respuestas y silencios. Me siento orgulloso de tener la necesidad de contar lo que me pasa a quienes creo que me pueden dar. He tenido la suerte de tener corazones y mentes abiertas, como también la desolación de no encontrarlas.
Vivir implica mucho, es compleja la vida, dura y bella. Sus matices son subjetivos, pero sólo el hecho de saber que tu y yo vivimos, que estamos despiertos, y que podemos juntarnos a convergir esas realidades, puede abrir una puerta y quizás muchas ventanas.
Cuando nos damos cuenta que es tremendo estar vivo, cuando entendemos que no somos los únicos, que todos necesitamos, y que nuestras necesidades pueden saciarse entre ellas, cuando comprendemos que nuestros defectos como virtudes son lo que son, cuando apreciamos el querernos y el querer, cuando nos asumimos como seres únicos y valiosos, cuando podemos afirmar orgullosos que: yo escojo e intento ser, vivir mejor, igual que tú.
Pablo Ossandón.
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