UN HOMBRE COMÚN
Un pequeño cuento
Ya casi nadie se acuerda de él. Era un ser tímido que flotaba ente la gente. Su único pasatiempo era mirar el silencio. Aún nadie puede asegurar si logró escucharlo. Amaba como muchos, porque no sabía amar de otra forma. Se resignaba a amar entonces, y así entre boleros desabridos entonaba su única canción.
Era un ser soberbio, pues no conocía lo intermedio, su exigencia llegaba al límite de lo insoportable. Cada noche antes de cerrar sus ojos, cerraba su mirada y penetraba en el sentido más íntimo de la palabra. En esas noches descubrió que en realidad no amaba tanto como él pensaba, en realidad, sólo se amaba en su entropía.
Pasar de un extremo a otro no es lo normal en muchos casos, pero debo aclarar que aquel no era un hombre normal, y no es tan sencillo decirlo. Cuando atisbó ese descubrimiento fue tan terrible que quiso ser puro, pero no era compatible la pureza que el aspiraba con, ser humano.
Comprendió que todo lo que hacía lo hacía por él…, amaba por él, daba por él, conversaba por él, acomulaba cosas por él. Aquel paisaje lo agobió de tal manera que quiso deshacerse de todo hasta hallar lo verdadero.
Sin embargo una vez desnudo, en una orbita que desconozco, comprendió que el hombre era más que necesidad, o la necesidad era más que el hombre. Así de a poco se acostumbró a la idea de que lo fundamental era lo que estaba más allá de lo deseado,... lo inesperado, el misterio, la intuición.
De esa forma, día a día fue construyendo su destino, y a pesar de profecías que nunca se cumplieron, supo que la historia se construye sola, pero que el hombre se hace a si mismo. Esa libertad le dio miedo, pero entendió que al saberlo su única opción era asumirlo y así poder liberarse de si mismo y del mundo.
Murió sin culpas ni agobios. Nunca supo si fue realmente feliz, nunca entendió exactamente de que se trataba esa palabra. Recuerda eso si que vivió momentos plenos, como otros de perfecta tranquilidad, pero casi nunca lo pudo palpar en su momento. Ahora ya muerto lo podía ver con claridad.
Soñó y esperó, busco y sollozo en vida lo que aspiraba. Al aire y las hojas que no controlaba, el miedo y la fuerza que no entendía, la vida y la muerte que se reían. Ahora en su nicho duerme, como tantos que entienden que vivir es lo más bello, porque nadie, ni el más sabio, ni el más poderoso, ni el más airoso, lo entiende.
Pablo Ossandón.
3 comentarios:
me gusta tu cuento,mientras q lo que siente tu personaje principal no le pase a todo el mundo...
primo lindo.
violeta.
"Soñó y esperó, buscó y sollozó en vida lo que aspiraba"... Muchos soñamos y esperamos bastante a veces, y entre búsqueda y sollozo la respuesta es breve, seguir o parar... Seguir adelante y confiar en que el destino es nuestro, que la vida nos puede entregar muchas cosas y que nosotros podemos crear muchos otras más...Pero, también existe la posbilidad de no seguir más, deseamos parar cuando los pasos pesan demasiado y el camino comienza a desaparecer... La disyuntiva siempre está ante nosotros, tenemos que optar, o simplemente deanvular entre un camino y otro, entre dar un paso y retroceder, entre sonreir y sollozar... Porque vivir es complejo, y soñar es aún más audaz...SolMarina.
el tiempo es nuestra condena y nuestro regalo, nos cuesta tanto ver lo evidente, porque nos distraemos constantemente con los miedos que nos colonizan los pensamientos....espero no morir sin encontrar las respuestas...espero que las respuestas no mueran
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