Sociedad Moderna I
LO ASI LLAMADO “NORMAL”
Hay ciertas imágenes que a veces despiertan curiosidad, y por suerte todavía me pasa. Hace poco estaba en un recital, un concierto del trovador Cubano Silvio Rodríguez, que presentaba su último disco, “Cita con ángeles”: los arreglos precisos, una instrumentación interesante. Un trabajo bien presentado, pero tal como lo es en su mayoría el arte en Chile, era caro y excluyente.
La entrada más barata costaba 13 mil. Nosotros teníamos que llegar temprano para tomar ubicación, los que tenían Cancha y preferencial no habían llegado, podían esperar hasta minutos antes del concierto.
Ya sentado esperando, mi mirada se desprende un momento y percibo aquel estadio de otra manera…, algo me señalaba su forma, el cómo se estaba dando aquella situación tantas veces vivida, que de pronto como en una escena surrealista, aparece diferente…, una imagen sacada fotográficamente de su contexto… al notar la forma del estadio, al entender que estaba sentado en una ubicación y que los roles estaban designados, y que debía asumir el mío.
Estaban los guardias con su uniforme, los vendedores de bebidas con delantal rojo, el publico distanciado por rejas, los encargados del espectáculo con una credencial colgando y los músicos en el centro del foco.
Esa visión, me pareció el reflejo más terrible y real de una sociedad dividida por sus clases sociales, del beneficio en pro del dinero, de las distancias, de las posiciones, donde existen atribuciones y diferencias de castas no asumidas pero igual de reguladas. Estaba sintiendo un reflejo espantoso, un cuadro demasiado explícito y aterrorizante de las divisiones sociales y económicas, tan claras. Aquel espejismo era complejo de asumir, sobre todo si sentía que donde estaba sentado, en relación a los otros espectadores, podía acercarse a un reflejo de la posición social a la cual pertenezco.
Si bien es cierto que esto pasa siempre en el arte, como en el deporte y que responde a una lógica, de quien tiene más, aporta más, y el que tiene menos, se le cobra el mínimo, de esta forma, ese aporte se le retribuye según su cercanía al espectáculo. Sin embargo, creo que a veces asumimos cómo “normal” cosas que no lo deberían ser.
Por poner otro ejemplo.
En Córdoba visitando una casa Colonial Jesuita del s.XVI le preguntaba a un amigo si había existido alguna vez una civilización, cultura, pueblo, tribu, lo que fuera, en la cual, no hayan existido las clases sociales. Dudó mucho, y no me dio una respuesta clara, creo que nombró a los egipcios y a los hindúes, que mantienen roles sociales pero no por economía, sino porque sus religiones implican un rol. No satisfecho con ello recorrimos la casa.
Fue un poco terrible cuando me percate que en su interior mantenía una forma que aún se conserva en nuestra sociedad actual, sólo nos dignamos a cambiarle el nombre. Había piezas de costura, de niños, la cocina, los comedores y piezas de esclavos. Era una típica casa de ricos de esa época. Me aterró recordar la casa de un familiar que tiene como tantas familias, empleada puertas adentro. Naturalmente hice la relación de la pieza de empleada con la pieza de esclavos…, y creo que hizo clic en mi cabeza algo que nunca había puesto en duda.
¿es normal que alguien nos haga el almuerzo y nos limpie el baño para que nosotros hagamos otras cosas?
Estamos acostumbrados y salir de la costumbre es un desafío…, es complejo. Todo rol debe ser digno y respetado, y sobre todas las cosas deberíamos poder optar a roles diferentes. Cuanta de las diferencias sociales, no son más que el simple resultado de generaciones y generaciones de modos de vida causados por las mismas diferencias de clases sociales.
Todos nos necesitamos. Somos parte de una comunidad aunque eso no se perciba. Pero creo que existen graves problemas al no ser conciente de la vida. Al pensar que es “normal” porque estamos acostumbrados o porque son consecuencias enredadas, complejas, impuestas, ajadas desde la propia naturaleza del hombre.
Con eso nos permitimos no molestarnos por cambiar las cosas o pensarlas simplemente de otra forma. Es cómodo y más fácil sin duda, pero porque estamos en la otra mitad, como diría Violeta, que pasaría si se diera vuelta la tortilla.
Pablo Ossandón
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